Bienvenidos a la primera entrada de la cocina de Billy.
Cocina porque es lo que entiendo como el detrás de escena y donde se cuecen (real academia ayuda) las ideas, y Billy porque es el nombre de mi emprendimiento de pastelería y como le decimos desde siempre en la familia a la abuela (la versión real sería mas criolla, BILI, porque es como a mi hermana le salía de chica pronunciar abuela, pero yo le puse Billy para darle una onda fancy cincuentosa).
Empecé a escribir porque siempre me salió hacerlo, creo que es algo que vino conmigo. Como hoy me explicaba una amiga a la que le hicieron un test vocacional, hay algunas cosas que tenemos innatas y nos salen con seguridad y sin tener que pensarlas tanto, y otras que tenemos que remar contra un tsunami de frente para ir teniendo pequeños avances y logrando confianza (en mi caso, se me ocurren muchas mas cosas del segundo grupo que del primero, pero bué). Un ejemplo claro de esto es cuando a los diestros nos hacen escribir con la mano izquierda, y al revés para los zurdos.
Se me ocurre que cuantas mas cosas del primer grupo estén implicadas en nuestros trabajos y nuestras vidas, mas tranquilos y equilibrados deberíamos estar. Y así también se me ocurrió escribir un blog para comunicarme.
La vocación es un tema que tengo a media cocción, sin seguridad que alguna vez termine de dar vueltas. Cuando era mas joven y me estaba egresando del secundario siempre recuerdo la sensación que me soltaban la mano y todos se separaban, cada uno por su lado, y yo me quedaba mas sola que mi pobre angelito, sin tener realmente ni la menor idea de lo que se venía y de lo que tenía que elegir. Intenté flashear con eso que llaman el "llamado vocacional" y terminé en medicina y recibiéndome de técnica de laboratorio, pasándola como el culo, porque tenía la seguridad que si hacía una carrera tenía que tener que ver con "ayudar gente". No es algo que no siga pensando o sintiendo correcto, pero ahora puedo darle nuevos significados y formas (lejos de médicos, hospitales y fiambres, porfa).
La cuestión es que también en ese momento (12 años atrás, LPM) una psicóloga me hizo un test, y al no saber en qué carrera de la U.B.A ubicarme (podía discutirse cualquier tipo de carrera, mientras sea en U.B.A) por lo vago de mi resultado, me preguntó que tenía en mente, y cuando le dije que me gustaba la cocina se me cagó de risa. Así, sencillamente, es como decidí por el momento dejarla de lado y me fui por las ramas de la salud y a analizar meos de gente. Mi amiga Rocha me apostó plata a que la dejaba y me dijo que me iba a regalar un gorro de cocinera el día que eso pasara, y todos mis cercanos se sorprendieron cuando volví, yo entusiasmada, de anotarme en el CBC. "Pero si vos sos malísima en química, biología y todas las materias que vas a tener" "Nunca te imaginé en una carrera rentable" "Mirá que ser pediatra no es para jugar con los nenes". Y BUÉ. ME LO HUBIERAN AVISADO AHORA.
Creo que así como Murakami sintió que le caía algo del cielo mientras miraba un partido de béisbol tumbado sobre el pasto y así decidió escribir su primera novela, todos recibimos las señales que podemos y queremos según el momento de nuestras vidas.